jueves, 27 de marzo de 2008

SMS y otros engañabobos



Nos han invadido y se han instalado en casa. Son los puñeteros envía sms con lapalabradeturno punto esto si o punto esto no, al número tal o pascual y entrarás en el concurso, te regalaremos una chochona o simplemente nos darás tu opinión tontodelculo. Eso sí, el mes que viene, no te olvides de ingresar la pasta de la factura del teléfono de la omnipotente y omnipresente Santa Telefónica de Todos los Santos que la parió. No me lo puedo de creer. Que semejante sacadinero lo haga el programita que toque de la cadena privada que sea, miren el mundo está como está y que cada uno vende el alma a quién quiere. Pero que se haga en los medios de comunicación públicos, ahí si que no. ¿Porqué? Por lo de siempre. Por el disfraz del objetivo real del último invento, que no es otro que llenarse los bolsillos de dinerito fácil, es burdo y chapucero, además al responsable de vestuario le importa un huevo que se note. Y es que los entes públicos seguramente están muy mal económicamente, puede ser, pero ello no abre la Caja de Pandora del todo vale, o al menos eso creo yo. No hay programa que se precie que no tenga un espacio reservado a tal objeto: ingresar en las arcas otro tesoro de esta mina de oro contemporánea. Además, para colmo, está el formato concurso del engañabobobos: envía sms con lapalabradeturno punto A, punto B o punto C, al número tal o pascual. Digo para colmo porque las respuestas son para tontitos, esto piensa el espectador que se dice: tonto el último y galopa tras su telefonito para enviar el mensaje codiciado por la cadena que toque.
Se han preguntado ¿porqué el coste del envío del mensaje está con letra liliputiana, pasa a velocidad de relámpago y cuando no es así, es totalmente inteligible i/o indescifrable? A mí, perdónenme, pero solo se me ocurre una idea que es, que no quieran que sepamos cuánto vale el billete de lotería en cuestión o como mínimo que sea muy complicado enterarse de cuánto me va costar la bromita, eso sí, cumpliendo la ley estricta.

Uno de los últimos ejemplos lo tenemos en un programa de la cadena autonómica catalana TV3, en otros tiempos y otras horas madre envidiada por su profesionalidad El programa en cuestión: Els matins, dirigido y presentado por el ínclito Josep Cuní con la colaboración de Lídia Heredia. Para que todo quede en casa, el Periódico de Catalunya, es co-organizador del evento en cuestión: escoger al catalán del año. Ahora no opinaré sobre el objeto de la encuesta, porqué merece un par o tres de artículos.La cosa tiene envergadura, con página web propia y final televisada, una especie de Operación Triunfo a la catalana. Empezó todo el 1 de Febrero y culminará el 28 de Marzo, o sea que se han pasado pidiendo durante 57 días, a raíz de 30 minutos durante 5 horas que dura el programa, nuestro voto, o sea sé: nuestro dinero. No está mal.

Hago un llamamiento público. Por favor si les queda algo de vergüenza por favor, publiquen el número de mensajitos y llamaditas de teléfono, así como el dinero ganado en total, una vez descontado los premios que nos prometen. Quién dijo miedo. Haber si hay huevos.

Mi amigo Juan, con un doble seis redoblando la mesa del bar, dice que esto nos pasa por tener móviles y cosas de esas. A él no le pasará jamás, el primer y último móvil que tuvo, recién abierta la factura, acabó atropellado por un erre 21 delante de su casa, tras haberle metido tremendo puñetazo al buzón, abierto la puerta del rellano y realizado un lanzamiento de campeonato hacia la calzada, digno del mismísimo Jan Železný.

martes, 18 de marzo de 2008

Carta a un imbécil (1994) - Arturo Pérez Reverte


A raíz de los últimos accidentes de tráfico de este fin de semana (porque no decir directamente presuntos homicidios involuntarios) que han provocado más y más muertos, quería escribir alguna cosa al respeto, pero no podía. Así fue como mi amigo Juan , cagándose en la madre que parió a los conductores de los cojones, me recomendó un artículo de Reverte que yo no recordaba. Aquí se lo dejo:

"Querido imbécil: No llegarás a comerte las próximas uvas, porque de aquí a un año estarás muerto. Y cuando digo muerto quiero decir muerto de verdad, criando malvas para los restos. No palmarás, te lo comunico, de forma heroica, ni útil, ni siquiera natural. Habrás fallecido estúpidamente, a ciento ochenta y en un cambio rasante, o una curva, susto cuando pongas para ti mismo cara de duro de película y metas gas, intrépido, jaleado por música imaginaria o real, creyéndote el rey del mambo. Lo peor del asunto, discúlpame, no será tu pellejo; que al fin y al cabo - salvo para ti mismo y algún familiar- no valdrá gran cosa al precio a que lo vas a vender. Lo malo es que te llevarás por delante, quizás, a gente que ningún interés tiene en acompañarte en el viaje: amigos incautos, la familia que vaya de vacaciones en el coche opuesto, el peatón, el camionero que trabaja para ganarse la vida. Sería más práctico y más limpio, ya puestos a eso, que acelerases hasta doscientos y te estamparas en bajorrelieve contra una pared, que es un gesto más íntimo y considerado. Pero sé que no lo harás así, por que en lo tuyo no hay voluntad de hacerte pupita. Cuando llegue será de forma imprevista, y aún tendrás tiempo de poner ojos de esto no me puede ocurrir a mi antes de romperte los cuernos y quedarte, como dicen los clásicos, mirando a Triana para los restos.
Llevo varios años viéndote pasar a mi lado por carreteras y autovías, abonado el carril izquierdo, dándome las luces para que te deje, en el acto, franco el paso. A veces te pegas a un palmo del parachoques trasero, confiando siempre, ante mi posible frenada, en la sólida mecánica de tu coche y en tus proverbiales reflejos y sangre fría. En la intrepidez de tu golpe de vista y en el valor helado, sereno, que tanta admiración despierta a tu alrededor y, en especial, en ti mismo. Guapo. Machote. Que eres un virtuoso.
Mira, voy a confiarte un secreto. Somos tan frágiles que te temblarían las manos si lo supieras. Todo cuanto tenemos, que parece tan sólido y tan valioso y tan definitivo, se va al carajo en un soplo, en un segundo, al menor descuido nuestro y al menor guiño del azar, la vida, la condición humana. Basta un insecto, un virus, un trocito de metal en forma de metralla o bala, una gota de agua o de aceite sobre el asfalto, un estornudo, una cualquiera de esas bromas pesadas con las que el Universo se complace en pasar el rato, y tú y todo lo que tienes, y todo lo que representas, y todo lo que amas, y todo lo que fuiste, lo que eres y lo que podrías haber sido, se va al diablo y desaparece para siempre sin que vuelva nunca jamás. Así nos iremos todos, claro. Pero unos se irán antes que otros. Y a ti, querido, te toca en 1994 la papeleta. Claro que a lo mejor me mato yo antes. O a lo mejor me matas tú. Pero yo sé que eso puede ocurrirme cualquier día en cualquier sitio, porque mi condición es mortal. Mientras que a ti ni siquiera se te ha pasado por la cabeza.
Lamento no poder comunicarte las circunstancias exactas en que efectuarás -afortunadamente- tu último adelantamiento. Ignoro si tu nombre quedará sepultado en las estadísticas de operaciones retorno, puentes o fines de semana, o si merecerás tratamiento individual, tal vez con foto de hierros y retorcidos pies asomando bajo una manta -siempre se pierde un zapato, recuerda, no uses calcetines blancos- en las páginas de un diario o, incluso, con suerte, en un informativo de la tele. Pero las circunstancias de tu óbito me traen al fresco. Como ya sabes que no suelo cortarme en esta página, diré que ni siquiera me importas tú.
Hay quien afirma que toda la vida humana es sagrada, y puede que sea cierto. Pero no resulta menos cierto que ya he visto desaparecer unas cuantas vidas, y que algunas me parecen menos sagradas que otras. En cuanto a la tuya, y me refiero a tu vida personal e intransferible -salvo que creas en la reencarnación-, allá cada cual si quiere pagar tan caro el dudoso placer de cabalgar a caballos de hojalata que devoran a su jinete. Y no vengas con eso del amor al riesgo y el vivir peligrosamente. Conozco a mucha gente que sabe perfectamente, de grado o por fuerza, lo que es riesgo y la vida peligrosa. Gente que sí merecen que derramen lágrimas por ella cuando le pican el billete, en lugar de lamentar la desaparición de fulanos como tú; de tipos incapaces de valorar la vida que poseen y que por eso la malgastan. Qué sabes tú del riesgo, capullo. Y de la muerte. Y de la vida. Que tengas buen viaje."

Carta a un imbécil (1994) - Arturo Pérez Reverte

lunes, 17 de marzo de 2008

Fútbol


Ha vuelto a suceder. Esta vez el partido era un Betis – Athlétic. Esta vez, el agredido ha sido el portero rival y se llama Armando. Esta vez, el agresor, el borrego de turno, gorra verde y chándal incluidos, no sé como se llama ni me interesa. Fue acusado y detenido en el mismo lugar de los hechos. Acusado, por los aficionados que compartían silla y detenido, por los guardias jurados que curiosamente también iban de verde. Y es que al iluminado en cuestión no se le ocurrió nada mejor que calmar su ira futbolística, metiéndole tremendo botellazo en la cara del portero rival. Sangre. Portero en camilla. Partido suspendido.
Cuando pasan cosas de estas, siempre me hago la misma pregunta: El capullo en cuestión tiraría la botella si no hubiese la jodida valla y el cordón de seguridad que le impiden al portero ir hacia este gilipollas y meterse de hostias hasta que el primero de los dos caiga al suelo? Porque si realmente quiere partirle la cara al tal Armando, pues que queden después del partido para un mano a mano como se hecho toda la vida. Porque lo que me jode del asunto, no es que la gente sea violenta y se vuelva del revés con un espectáculo mediatizado y politizado como el fútbol, allá ellos, sino que la gente sea ruin, mezquina y cobarde. Lo que ha hecho el listillo de los cojones se llama tirar la piedra y esconder la mano, bueno tirar la botella y meterse las manos en los bolsillos. Porque en las imágenes que gentilmente nos lanzaron al plato de sopa los informativos de este país, podíamos verle arrojando la botella y una vez comprobado el cuerpo del delito, salir por patas con un yonohesido, amiquemecuentas y un apoteósico final perosinohayparatanto. Ahí es cuando yo me enciendo y empiezo a cagarme en la madre que le parió. Una cosa es que tengas problemas controlando tus emociones y la cagues, como la cagó el avestruz de la gorra verde, y la otra es que no asumas lo que has hecho. Dos veces ruin, mezquino y cobarde.
Cierto es que, responsables del asunto de la violencia en este deporte yo veo varios: algunos jugadores de fútbol, algunos entrenadores de fútbol, algunos clubes de fútbol, algunos directivos de clubes, algunas empresas que respaldan a los clubes, algunas asociaciones de aficionados que rozan la legalidad y/o que se la saltan a la torera, algunos medios de comunicación deportivos, algunos programas deportivos, algunos periodistas deportivos, algunas cadenas de televisión y algún, alguna, algunos y algunas imbéciles que me debo dejar en el tintero.
Desviándome ya del asunto inicial del botellazo o quizá buscándole explicación, se han preguntado porqué el juego del fútbol profesional en este país está lleno de codazos en la cara, rodillazos en la barriga, patadas en los riñones, escupitajos, insultos y demás conductas ejemplares? Porqué los jugadores, algunos, son tan ruines, mezquinos y cobardes? Quizá el borrego de la gorra verde y chándal del partido del otro día, ha soñado toda la vida en ser partícipe de este juego, en calzarse botas, pantaloncitos cortos y camiseta de nylon. Quizá al no poder formar parte del once inicial, botella en mano, decide participar del juego de su equipo. No sé, igual me estaré equivocando.

Me pido la última cerveza de bracito de mi amigo Juan. Sentencia que el fútbol dejo de ser fútbol cuando un hombrecito de negro saltó al campo pito en mano, diciendo lo que estaba bien y lo que estaba mal, porque quién coño es ese tío amargo para decir algo? Quién le ha invitado a la fiesta? Es Dios, es Supermán? Continua Juan, apurando su quinto de cerveza (por cierto más antigua ésta que los árbitros de fútbol), preguntándose, preguntándome: si hace falta realmente un árbitro para jugar al fútbol, y sino sería mejor que se pusiesen de acuerdo o se metieran de hostias los mismos jugadores.

jueves, 13 de marzo de 2008

Canon digital


En ese afán de entender algo del asunto, tecleo en San Google, las palabras Canon Digital y resulta que encuentro 19.700.000 páginas al respecto. Esto me acojona un poco. Leo del asunto y no me entero de demasiado, como siempre. Igual es que está tan claro, que lo veo difuso.
Mi primera conclusión es que esto del canon digital es una tomadura de pelo, un engaña bobos y un maricón el último que robe, no me digan que no. Algo está podrido en Dinamarca, y como siempre el culpable mira con disimulo, se casa con nuestra madre y nos acusa de malos hijos. Para que no haya confusiones el rey usurpador y acusador se llama SGAE de todos los santos. Lo bonito del caso y principal argumento de las plataformas en contra del canon, por ejemplo todoscontraelcanon, es la violación de la presunción de inocencia. Voilà! Ya no hay presuntos inocentes sinó presuntos culpables. Ya estoy viendo al picoleto o fuerzas del orden público de turno, parando al jovenzuelo atítehatocado por la calle y entonando la salve: carné en la boca, manos arriba, de cara a la pared y vacía los bolsillos de cedés, deuvedés, pendraifs, discos duros externos y aipods de los cojones, listillo. Ya era hora que nos limpiaran la calle de chorizos y maleantes. Del Caserío no me fío, me río.
Que la gente copia, requeté copia y vuelve a copiar, evidentemente, como toda la vida, y quién no lo hace o no sabe cómo o es tontodelculo. Y si no, quién esté libre de pecado que tire el primer ordenador por la ventana. Por si a caso el caso, dicho de paso dios me libre, mañana les aconsejo cuando salgan a la calle de buena mañana se calcen casco, botas y otros enseres aprobados eso sí, por la empresa de prevención de riesgos laborales en cuestión a seis mil la asesoría. Y es que menos mi madre que en paz descansa, no por que esté muerta sino por que no tiene ni puñetera idea de qué coño va esto de la informática ni ganas, se baja música, flins y demás, de nuestra nueva amiga la señora Red. Y es que es normal. Nos regalan caramelos y cuando nos gustan nos los cobran a precio de oro y el más tonto vende botijos. Se acuerdan cuando regalaban teléfonos móviles con las bolsas de magdalenas “La Bella Easo”? Hoy resulta que es la empresa líder de la bollería industrial según su página web, o sea líder de las sobredosis de azúcar de nuestras venas. Qué raro es todo esto, pero que tiempos aquellos. Tan lejos, tan cerca.

No tengo ni puñetera idea de cómo va acabar esto, si en cambio como ha empezado, rascándonos los bolsillos, como siempre. Cornudos y apaleados, en este caso culpables y hostiados. No me sorprende demasiado la verdad, pero la sangre se me rebela cuando veo como nos llaman idiotas en la cara y como se mean en nuestros portales. Hasta dónde ha llegado la sinvergüenza y hasta dónde llegará preguntome yo a mi mismo.

Mi amigo Juan, mientras se mete entre pecho y espalda unos callos a la riojana del carajo, sentencia que si todos nos hubiésemos plantado con Triana y los casetes de doble pletina esto no estaría pasando. También comenta con una sonrisa de palmo y medio, que se ha comprado por diez euros cuatro pelis guapas del cagarse, al paqui de turno.

jueves, 6 de marzo de 2008

Medio metro de escalón


Sí. Lo han oído bien. Medio metro des del escalón del tren al andén. Esto sucede en Barcelona, con unos trenes que cubren el trayecto Barcelona Sants – Aeropuerto, concretamente en la concurrida estación de Passeig de Gracia. Se me ocurren varias hipótesis al respecto, que no al respeto, por las cuales los mandamases de RENFE nos obsequian con este regalo: 1. Piensan que todo el mundo que sube o baja del tren mide dos metros y medio; 2. Quieren combatir el sedentarismo y nos obligan ha hacer deporte o 3. Nos ningunean, pero esta no puede ser porque RENFE siempre está al servicio de los usuarios, al menos eso nos dicen siempre.
Lo que pasa es que no pasa nada. Me explico. El día que el sexagenario de turno se meta una leche de padre díos mío, fémur y cadera incluidos en el parte médico junto con denuncia que te cagas patas abajo, quizá cambia la cosa. Para recochineo de la concurrencia, responsables de turno te dicen al preguntarles qué coño es esto, que tienes una puerta en el vagón central con un escalón más bajo. Y ya ves a una masa de viajeros agolpados en la puerta central, empujones y codazos incluidos, cual primer día de rebajas delante de la puerta del Corte Inglés.

Ustedes me dirán que también tiene su punto divertido, es cierto. Sobretodo espiar des del andén la cara estupefacción o tontodelculo del viajero que no sabe nada y tiene que lanzarse al vacío para bajar del tren o untarse las manos de magnesio para iniciar la escalada, si de lo contrario quiere subir en él. Lo gracioso del tema se vuelve trágico cuando el viajero en cuestión es una persona mayor o joven con alguna dificultad en la movilidad. Ahí la risa se vuelve rabia. Cierto es que por cojones dejas de espiar y saltas a ayudar al desconocido para conseguir semejante hazaña: subir o bajar de un tren. O sea que RENFE quiere favorecer la socialización de las personas forzando la generosidad, la solidaridad y la urbanidad de estas.
Para colmo del caso, resulta que en la cabina del conductor de semejantes trenes, sí que hay pequeños escalones para que el conductor pueda acceder a ellos sin necesidad de cuerdas y piquetas. Eso nos dice dos cosas de RENFE. La primera es que piensa en sus trabajadores, no quiere bajas laborales, eso está bien. La segunda, que son conscientes del problema y que han decidido solucionárselo a sus trabajadores pero no a los viajeros. Olé, olé, los profiteroles!
Estoy seguro que el problema debe ser de dinero, no de mala fe. Pero me la suda. El torrente de usuarios que está padeciendo día sí, día no este problema es incalculable porque el problema no es de hoy. Por lo menos hace seis puñeteros meses que dura a juzgar por la noticia aparecida en La Vanguardia hace ya un tiempo. Por tanto no tiene nombre. No puede ser. Lo siento.
Si leen el artículo se darán cuenta de la guinda del pastel. Dichos trenes reciben el nombre de “Civia”, que para los profanos de la etimología pero con inquietudes nos recuerda a cívico, civismo, ciudad y otras. Si quieren ampliar el tema de los nombres he encontrado también una divertidísima página de la todopoderosa Adif que les encantará.
Mientras van solucionando o no el tema, me bajaré a hacer el cafetito con mi amigo Juan quién asegura, a golpe de orujo, que dejo de ir en tren cuando cambiaron el carbón por la electricidad. Visionario él.

martes, 4 de marzo de 2008

El polígrafo


Nada es lo que parece, eso parece. En el noentiendonada de las falsas verdades, de las verdades ocultas, de las medias mentiras o de las mentiras de vuelta y media, va y nos piden que vayamos a votar. Cornudos y apaleados. Vayan pasando a matar.
La realidad disfrazada de verdad absoluta, joder qué acojone. No sé ustedes, pero a mi me da que los políticos de turno, derecha, izquierda, delante y detrás, un dos, tres que decía la yenka,
se han pasado dos pueblos con los gintonics. O eso, o nos toman por estúpidos, según la acepción de Carlo M. Cipolla.
Cuando enciendo la tele, leo el periódico o escucho la radio (la información por internet, aún la llevo mal) tengo siempre la sensación que todo el mundo miente, aclaro para ofender lo menos posible, que toda la panda de sinvergüenzas que nos gobiernan, nos miente. Hay políticos buenos y malos, claro está, pero curiosamente, ninguno de los buenos tiene poder real, poder fáctico o simplemente un par de cojones para cambiar esto. Y es que esta democracia no me gusta. Sé que si alguien leyera este blog, mandaría sus jinetes con sus mejores corceles dirección el castillo del listillodeturno, para tomarlo y someterlo. Ustedes digan lo que quieran, pero tengo la impresión que el reino del politiqueo general está lleno de mamones y chorizos, y que además aún no está lleno y caben muchos más. Certeza, no tengo ninguna, solo impresiones, para profundizar léanse si quieren a Kant, yo prefiero otras lecturas más excitantes aún: facturas de la luz, del gas, del agua, del alquiler y del teléfono. Se las recomiendo.
Y es que en campaña electoral vale todo. Y no me gusta. En la plaza del insulto y del menosprecio no me gusta torear, tampoco ser espectador de plaza y mucho menos el toro, que casi siempre muere. Si uno no quiere que no le den gato por liebre tiene que calzarse el disfraz de Sherlock Holmes y trabajar sin descanso día y noche, pero sin Watson, pipa, violín ni cocaína. Vaya rollo. Es por ello que prefiero tomarme unas cañas con mi amigo Juan hasta que se nubla el horizonte, condición necesaria para otear una verdad en este presente cambalache, problemático y febril que cantaba Enrique Santos Discépolo, aunque yo les recomiendo la versión de Serrat, maravilla de las maravillas.

viernes, 29 de febrero de 2008

Juan El Flecha


Creo que todo empezó a la temprana edad de tres o cuatro años.
Juan robó tres galletas y un tarro de Nocilla, delante de la ingenua mirada de su madre. La carrera duró apenas 7 segundos y algunas décimas. Más tarde, ya con siete u ocho años, volvió a salir a la carrera. Un radiocasete estéreo que le había lanzado su hermano mayor y el había cogido al vuelo, recién birlado de un Supermirafiori Special. Esta vez la carrera duró 4 minutos y 15 segundos. El tiempo exacto que transcurrió desde que empezó a correr hasta que recibió un tremendo guantazo de la susodicha madre, ya no tan ingenua, al no poder responder a la pregunta: “¿De dónde coño ha salido eso?”.

Juan, con diez u once años ya conocido por todos como “el Flecha”, era el tío más rápido del barrio. Corría como nadie. Y eso se valoraba mucho. Los manguis no dudaban en recurrir a sus servicios. Era una pieza clave y un valor seguro. Se decía que cuando el Flecha empezaba su carrera se levantaba el polvo. Se decía que sus zapatillas estaban encantadas. Se decía que Dios le había dado el don de la carrera, por eso de que Dios nunca se olvida de los más desfavorecidos. Se decía también, que había nacido con dos corazones y cuatro pulmones. Se decía, se decía, y él corría y corría.

El Flecha, con catorce o quince años era el tipo más respetado del barrio. Su madre, orgullosa ahora de su hijo, le felicitaba después de cada carrera. Su padre, se cascaba unos tintos a su salud desde la atalaya celestial. Sus colegas lo recibían con aplausos y besamanos después de cada carrera. Los vecinos lo aclamaban a su paso. Todo un general del choriceo. Un superhéroe de barrio. Un campeón.

Diana, la más bella de las doncellas de los castillos de cañas, barro, uralita, cartones y demás, no le quitaba ojo. Gitana y morena, luceros del alba para el Flecha en sus largas noches en vela. Nunca, jamás, se habían cruzado palabras. Les estaba terminantemente prohibido. Sus familias estaban enemistadas a muerte desde hacía un tiempo por rencillas que ahora no vienen al caso. Una partida de mus perdida, un perro muerto sin intención alguna, una deshonra de una púber o un hachazo en la cabeza sin querer, qué más da. Sea lo que fuere, el destino lo decía bien claro: esta flecha no es para esta diana y esta Diana no es para el Flecha. Pero ya se sabe, no hay amor prohibido que no sea profanado. Y es que el Flecha, con dieseis o diecisiete años, se convirtió en Cupido y se lanzó dispuesto a atravesar a su diana. Y Diana abrió el pecho y se dejó atravesar por su flecha.

Órdenes de búsqueda y captura de los amantes. Recompensas por sus cabezas. Acosos. Persecuciones. Y es que El Flecha decidió correr su última carrera. Diana subió a lomos del más rápido. Jinete y caballo al galope, desaparecieron del barrio dejando una nube de polvo.

En el amor, ya se sabe, quién no corre vuela. Y si no vuelas, te quitan el pájaro de la mano y ves pasar a los cientos volando.

jueves, 28 de febrero de 2008

Agua



Foto: http://mediambient.gencat.net/aca/documents/ca/per_tenir_aigua/anunci_premsa.pdf

Hace algún tiempo, la Agencia Catalana del Agua lanzó una campaña de sensibilización (prensa, radio y televisión) dirigida a los ciudadanos catalanes consumidores de agua, o sea todo hijo de vecino. El eslogan principal era: Para tener agua, cierra el grifo.

Cuando lo vi por primera vez, despúes del nomelopuedodecreer, me vino a la memoria mi abuela. Ella, y muchos como ella, tuvieron que aprender que para tener agua se tenía que abrir una cosa llamada grifo. Paradoja de las paradojas, sesenta años más tarde aproximadamente, si estuviese viva, hoy tendría que aprender a cerrar el puñetero grifo. Vaya mareo o marea, según se mire, para mi abuela. Y es que es normal que piense (esté donde esté: cielo, mar, tierra o aire) que el mundo no hay quién lo entienda y que lo que ayer era oro, hoy es mirra. A gritos pidiendo debe estar que el mundo se ponga de acuerdo de una vez y que no nos maree más, que ella y los suyos ya han pasado las de Caín, como para ponerse ahora a cerrar grifos.
Saco el tema a relucir, porque hoy ha salido a la palestra una noticia, para muchos vecinos el pan de cada dia, para el resto de mortales, quemeestáscontando: Una fuga de agua en Badalona. Nada menos que 9.000 litros cada hora, 216.000 litros al dia, o dicho de otra manera, el consumo diario de unas 2.000 personas, segun publica el periódico La Vanguardia.
Para colmo, la notícia ha sacado a la luz otras pérdidas de agua sistemáticas, la mayoría de ellas responsabilidad absoluta de instituciones varias. Tócate los cojones y baila. La cosa tiene guasa, no me digan que no.

Y es que empiezo a estar hartito de que me digan lo que tengo, lo que puedo, lo que debo hacer, mientras en la esquina los meapilas de turno hacen lo que les da la gana.


Mientras, mi amigo Juan apostilla que esto no pasaría si el agua no fuese agua y fuese cerveza. Otro gallo cantaría y otra cerveza me bebería, le canta a la camarera cada dia más lozana, según él, porque ha encontrado alguien que le caliente el lado izquierdo de la cama.